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The Next Day, número 1 en 21 países.

El nuevo disco de David Bowie alcanza el Nº1 de iTunes en 21 países

El 9 de enero de 2012 me preguntaba desde estas líneas ¿Dónde está Bowie?. Exactamente un año después, el Duque Blanco publicaba el single adelanto de su nuevo disco bajo el título de Where are we now? , lo que me daba a entender que ni siquiera él podía contestar a mi pregunta lanzada al viento.

Al día siguiente del nacimiento de su nueva criatura, un disco bautizado como The Next Day, era curioso observar cómo los críticos de medio mundo andaban desorientados como hormigas intentando mantener la calma en la puerta del hormiguero; como perro levantando las orejas a media noche al escuchar pasos en la escalera.

El caso es que el tema Where are we now? no era lo que los críticos esperaban. Se trataba de una canción demasiado amarga, demasiado lenta, demasiado triste, evocadora, melancólica, dura, hiriente, decadente… demasiado todo lo que no era Heroes, Starman o Space Oddity.

Las plumas de los periodistas temblaban al intentar criticar algo tan desorientador creado por uno de los más grandes, y seguramente a día de hoy, a muchos de ellos les gustaría reescribir sus críticas conscientes de que David ha vuelto a ganarles la partida. Bowie era ese chorro de agua fría sobre el hormiguero y a su vez los silenciosos pasos subiendo la escalera. Había pillado a todos por sorpresa. Había atacado a media noche.

Tras un largo periodo de ausencia, motivado por sus problemas de salud y su pérdida de interés por la música, una luz había vuelto a encenderse en el cerebro creativo de uno de los más influyentes artistas de la era moderna. Así que un buen día volvió a llamar a la puerta de Tony Visconti para comunicarle la Buena Nueva de que volvía a tener ilusión por grabar alguna canción. Y el productor, como no podía ser de otra manera, accedió a modelar en secreto el material que volvía a surgir con magia, fruto de un talento inagotable.

Al final de todo, puede que la respuesta a mi pregunta inicial sea una de las más sencillas: Como cowboy al calor de una hoguera nocturna en territorio comanche ; como general la noche antes de la batalla decisiva; como ladrón en ese coche aparcado en doble fila, envolviendo su rostro en sedosa media de mujer esperando la señal para el atraco; como Miserable tras la barricada, bebiendo la última noche antes del ataque de las bayonetas; como león apostado tras la maleza espiando a las rumiantes gacelas, Bowie esperaba a contraviento el momento de saltar de nuevo a la conquista de los corazones más heridos. Porque, pese a lo que muchos piensan, las estrellas nunca duermen.

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